Gus Van Sant es uno de los directores más versátiles dentro de un mismo género en la actualidad. Casi nunca le hemos visto zafarse del drama (quizás, conjugar un loco de este con la comedia); pero siempre sabe adaptar el tono que la historia requiere. El director ha dirigido dramas para el gran público (El Indomable Will Hunting); dramas introspectivos (My Private Idaho); dramas sociales (Milk); dramas convencionales (Restless). Su más reciente trabajo, No te preocupes no irá lejos (Don’t Worry, He Wont Get Far On Foot) roza las líneas limítrofes de este último grupo pero gracias a la perspectiva de la narrativa y la edición, el humor ácido y un elenco encabezado por un Joaquín Phoenix en estado de gracia, elevan un peldaño más el resultado que se podría esperar.

¿De qué trata No te preocupes no irá lejos?

No te preocupes no irá lejos está basada en hechos reales. Se centra en la figura de John Callahan, un hombre resentido y alcohólico que tras un aparatoso accidente queda parapléjico. Tras esta catástrofe sus demonios internos se agigantan pero pronto descubrirá que el dibujo es el inicio para aliviar sus males; así Callahan inicia un proceso para mejorar como persona que acabará cambiándole la vida.

Si buscas redención, debes ser perdonado

Tras leer su sinopsis, No te preocupes no irá lejos, puede sonar como un drama del montón. Otra biopic de esas que, a priori, buscan la lágrima fácil. La peculiaridad y, de hecho, el mayor acierto de No te preocupes no irá lejos es que no pretende conmover, al menos no al primer intento. Al contrario la historia maneja un tono bastante ácido, característico también del protagonista, quien nunca es mostrado con condescendencia; de hecho, por instantes puede ser irritante gracias a su personalidad cínica (antes y después del accidente). Tampoco busca convertirlo en víctima, de hecho, parte de la historia describe el proceso de como Callahan, en algún momento, aprendió a saberse como un responsable de su propio destino.

Así la película juega dos cartas a la vez: contar la historia del personaje e introducir otros temas. La vida de Callahan no solo fue marcada por el accidente también sus consecuencias. Además de lidiar con la responsabilidad de sus actos, también a sobrellevar su futuro que no será color de rosa. Entonces No te preocupes no irá lejos, funciona como una película de superación. Como las adversidades empujan a John a una versión de sí mismo, encontrar su vocación a través del arte e incluso inscribirse en Alcohólicos Anónimos; lugar en el que John descubrirá su sanación como persona, en parte gracias a las personas que conocerá allí. Algunos en situaciones más complejas que las de él pero que le ayudarán a comprender que para continuar necesita el perdón; el de aquellos que ha herido y el propio.

Es el concepto del perdón el que la película abraza en su última tercio, apunta su desenlace finalmente a una de las escenas más conmovedoras de la película. Esto, tras manejar el drama en conjunto con un humor negro, hasta satírico que predomina en las obras de Callahan y agregará un debate sobre lo que es correcto y lo que no, lo que es aceptable y lo que no, a través de la etiqueta del arte.

Una misma historia, diferentes perspectivas

No te preocupes no irá lejos presenta a John Callahan narrando una misma historia, su historia, en diferentes etapas de su vida que retratan el estado anímico del personaje. Además de enfocar sus diferentes facetas: Callahan frente al reflector, literalmente, como profesional, siendo honrado por su trabajo; y la faceta más personal, Callahan en la intimidad, rodeado de sus amigos. Permite ver una versión más vulnerable.

Junto al sabio tratamiento de la historia, Gust Van Sant cuenta con un elenco peculiar ya que reúne a Joaquín Phoenix y Rooney Mara (una de las parejas de este siglo que comparten pantalla por tercera vez) junto a Jonah Hill y Jack Black; dos comediantes demostrando que también son solventes en el drama; especialmente Hill quien tiene una de las escenas más emotivas, enmarcado en un plano fijo, que pone los pelos de punto de punta. Rooney Mara demuestra un registro diferente, un personaje risueño y resulta tener mucha carisma. Por supuesto, la otra gran base de No te preocupes no irá lejos es Joaquín Phoenix que aunque lleva una década interpretando a señores afligidos y resentidos con la vida, aquí juega con un poco más de humor y vuelve a demostrar por qué es el mejor actor de su generación.

Además, la interpretación de Phoenix, tan buena como la de Hill, y la estrecha relación que formaron sus personajes de la vida real se encuentra en el núcleo de No te preocupes no irá lejos. Callahan formó un gran culto de seguidores, mientras que molestó a muchas almas sensibles que encontraron con la voluntad de John de hacer que las lesbianas, las personas con discapacidades e incluso los cristianos, se sientan ofensivas.

Sin embargo, cabe acotar que en ciertos momentos Gus Van Sant hace uso de unos movimientos de cámara en acercamiento que no aportan demasiado a la narrativa gráfica y de hecho descoloca bastante de la atención de la historia.

El avance no avance del tiempo

Irónicamente en este tipo de películas (biopic) cuando se obtiene un producto regular, las deficiencias vienen por parte del guión que suele ser muy previsible, obvio, manipulador o lacrimógeno (o todo junto como La Teoría del Todo); lo cual es compensado con una producción impecable desde la puesta en escena hasta el vestuario, aun más si es ambientada en otra época. Bueno, ese no es el caso de No te preocupes no irá lejos.

La película tiene un buen diseño de producción, excelente ambientación, que se desarrolla mayormente en interiores y un buen diseño de vestuario que cuida pequeños detalles. El (gran) problema está en el maquillaje. Para aquellos que han visto la película o tienen planeado hacerlo, estarán de acuerdo en que las pelucas que utilizan Joaquín Phoenix y Rooney Mara hacen ver las que utiliza Tim Burton en sus películas como si estás fueran de calidad. El olor a plástico por poco traspasa la pantalla. Además, se supone que en la película transcurren siete años en la vida del personaje pero no vemos ningún cambio físico que sugiera el transcurso del tiempo.

Van Sant dirige No te preocupes no irá lejos con audacia y nostalgia, y coquetea con los límites del humor mordaz y la estética pasada de moda. Las secuencias de montaje esporádicas se editan juntas sin ninguna razón aparente que no sea para inyectar alegría en lo que podría haber sido un drama abrumadoramente tortuoso. El trabajo de cámara es franco y surrealista, ya que se abalanza sin advertencia.

No te preocupes no irá lejos no es una de las mejores películas del año pero es una película que resulta emotiva porque no intenta serlo; resulta entretenida porque se desvincula completamente del drama fácil y juega con el humor negro; resulta de provecho porque vemos a Jack Black en una breve pero solvente interpretación, Hill y Mara en dos registros a los que no estamos acostumbrados y a Joaquín Phoenix brillando como siempre. Son precisamente estos aciertos los que ensombrecen cualquier debilidad vinculada a la producción o (el terrible) maquillaje; y se obtiene como resultado un producto bastante equilibrado que hará a más de uno pasar un buen rato. Sobre todo a aquellos que congenian con Van Sant, su singularidad para contar los dramas y las historias que al final del día buscan dejar un mensaje. Eso es No te preocupes no irá lejos.

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