Puede que Kodachrome (2018, Mark Raso) no sea una virtuosa recopilación de ideas originales; al contrario, se vale de tantos argumentos conocidos que puede resultar una historia familiar. Pero la película se vale de aciertos tan simples como un buen elenco, una buena sonora y mucho corazón por lo que resulta entrañable. Kodachrome es de esas películas que te deja un buen sabor de boca cuando terminas, porque se degusta bien cuando la ves. Lo mejor es que está en Netflix, así que te cuento por qué puede ser una buena opción para ver en una noche de ocio.

¿De qué trata Kodachrome?

Matt (Jason Sudeikis) es un hombre que atraviesa una crisis existencial: tiene problemas en su vida personal y para colmo de males también en el trabajo; donde desempeña la labor de productor creativo en una disquera. En medio del caos, para agravar los males, aparece Zooey (Elizabeth Olsen), quien es la enfermera/asistente de Ben (Ed Harris), el padre moribundo de Matt. Zooey le informa que Ben, quien es un fotógrafo famoso, está muriendo y desea revelar los últimos rollos de películas kodachrome. Pero hay dos detalles: primero, estas películas sólo las está procesando una tienda Kodak en Kansas, al otro extremo del país; segundo, Ben quiere que sea su hijo quien lo lleve.

Por supuesto, para avivar el drama Matt se niega rotundamente desde un comienzo; tiene años sin ver o hablar con su papá. No le debe ningún favor, mucho menos uno que se traduzca en inconveniente para él; pero más tarde (por motivos que no diré, para no soltar algún spoiler) Matt acaba accediendo a la propuesta de Ben.

Deja que el rencor hable

El primer tercio de la película es claramente sobre los conflictos de Matt, tanto personales como aquellos que aún no ha saldado con su papá. En las primeras escenas Kodachrome se introduce una relación de padre e hijo cargada de mal sabores; traumas del pasado, rencores que se han ido acumulando años tras años y han causado una grieta entre ambos.

La película, que después de todo es una road movie, aprovecha las escenas en carretera para sacar a flote las espinas que siguen incrustadas tanto en Matt como en Ben; y aprovecha esa sensibilidad a flor de piel para dibujar las personalidades de cada personaje a través del dolor. Después de todo cada uno tiene algo que reprochar, cada uno tiene una excusa pero los motivos son desiguales, como ellos mismos. Sin embargo, a medida que avanza la película hace ver que tales diferencias tal vez solo sean efectos del rencor; que hay más del uno en el otro del lo que ellos imaginan. Y así los personajes comienzan a recibir un tratamiento para dosificar ese dolor; haciéndolos más flexibles. Sólo así la película consigue abrazar la feel good movie que es un su segundo tercio.

Somos lo que escuchamos

Kodachrome es un drama que abraza la feel good movie o el espíritu bonachón. Una vez que Matt y Ben dejan a un lado los conflictos y los rencores, la película se relaja; aquí la protagonista es la música. Al ser Matt un productor musical, hay muchas canciones presentes a lo largo del metraje. Hay, de hecho, una escena en específico que funciona muy bien porque sirve para muchas cosas: en primer lugar, adiciona la pizca de romance entre Matt y Zooey; en segundo lugar, es el alivio o la transición entre los primeros encontronazos de Matt y Ben hasta el momento en que deciden alzar las banderas blancas; en tercer lugar, brinda la conversación más genuina en toda la película. Eso no significa que el resto de la historia esté escaso de naturalidad, todo lo contrario, los diálogos fluyen muy bien; es que en ese instante Sudeikis y Olsen desaparecen en una conversación tan banal como los gustos musicales y vemos a dos personajes interactuando y dejando fluir una química tremenda.

Tal escena, que es completamente disfrutable, sobre todo para los melómanos o aquellos que simplemente aprecian el poder de la música, se complementa con otro gran momento dónde hay canto en vivo por parte de Olsen y Sudeikis. Pero, de nuevo, no adelanto más porque no quiero soltar spoiler (al menos no demasiados). Este momento, por cierto, se agradece, ya que recupera a la película de una escena que resulta bastante decepcionante. Uno de los protagonistas toma una decisión importante que no se percibe como tal por la falta de garra en la ejecución; siendo probablemente uno de los pocos tropiezos de toda la película.

A veces funciona ser predecible

Algunas veces queremos ver películas que nos sorprendan, otras veces simplemente queremos emocionarnos y hay películas que nos garantizan eso desde el minuto uno porque aunque sabemos ya lo que va a pasar, igual queremos verlo. Kodachrome va de eso. Desde el primer minuto sabemos porque carril se va a dirigir pero en el fondo no nos importa porque son maniobras que funcionan. El hombre que ha tocado fondo; el conflicto entre un padre y un hijo; un viaje que servirá como terreno para que ambos se despojen de esos demonios del pasado. Y sin embargo, aún sabiendo lo que la película se ha reservado para los últimos minutos; se disfruta porque tiene encanto y drama pero no cae en la lágrima fácil. En tal caso, busca la sonrisa fácil.

La película sobrevive muy bien a su hora y media de metraje en parte enorme a sus actores. Siempre da gusto ver a un actor de comedia haciendo drama porque demuestran un registro completamente diferente en el que incluso son mejores; y mira que Jason Sudeikis es un grande de la comedia (basta ver sus sketches en Saturday Night Live) y aun así muestra un lado más vulnerable, bastante orgánico para no ser un asiduo del drama. Quien sí es un veterano en el género es Ed Harris que tiene entre manos un personaje tramposo que fácilmente se le pudo ir de manos en escenas específicas (vamos, que su personaje está muriendo) pero brilla es esas escenas donde su personaje, un poco petulante, se desarma y se muestra más humano. Por último está Lizzie Olsen que está en la película para complementar el triángulo principal, como la cuota femenina; y para corroborar que es el ser más guapo del planeta.

Kodachrome no va a reinventar su género; tampoco aportará algo que no hayamos visto antes pero si le das la oportunidad, brindará hora y media de mucha emotividad. Con un poco drama, con un poco de comedia; con actuaciones más que solventes y con un soundtrack que abarca desde la música country, la salsa y el heavy metal; Kodachrome es un visionado que nos dejará, a pesar de todo, con una sonrisa en el rostro. Algo tan simple pero tan bonito como eso. Y sí, Kodachrome es una película que podrás predecir fácilmente a medida que comienza cada acto, pero hay algunas sorpresas emocionales que se agradecen. Es una película muy dramática en la que los fanáticos del género disfrutarán. Desde pequeñas escenas donde los personajes hablan de música hasta secuencias en bruto donde estos mismos se descomponen al reflexionar sobre su vida. Esta es una de las experiencias visuales más agradables que he tenido durante todo el año. Kodachrome es un drama fantástico de principio a fin.

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