El año pasado cuando se estrenó, The Deuce. Crónicas de Times Square tenía todas las papeletas para convertirse en una de las producciones del año. Creada por George Pelecanos y David Simon, productor que gracias a su buen olfato (con trabajos como The Wire) ha construido una base de seguidores durante años; producida y protagonizada por Maggie Gyllenhaal (The Kindergarten Teacher), una de las mejores actrices de su generación y James Franco (The Disaster Artist) quien a pesar de tener mucha bazofia en su carrera cuando se compromete puede hacer buen trabajo (Milk, 127 Horas); y además, HBO se encargaría de su difusión, una cadena que rara vez da paso en falso.

Aquella premonición se convirtió en realidad y tras escasos ocho episodios The Deuce se confirmó como una de las mejores series de 2017. Aunque pasara desapercibida meses después en la temporada de premios. Lo cierto es que pese a la polémica con el escándalo de Franco (cosa que probablemente influyó en las premiaciones); HBO la renovó para una segunda temporada que llegó este año y contra cualquier pronóstico, no hizo otra cosa que crecer enormemente en estos nuevos episodios. Disponible en HBO Go y conformada su tercera y última temporada, es momento de hablar de The Deuce. Crónicas de Times Square, la serie sobre el nacimiento y edad dorada del cine porno.

¿De qué trata The Deuce. Crónicas de Times Square?

También conocida simplemente como The Deuce (título original) recrea los acontecimientos que tuvieron vida en The Deuce, la zona “contamida” del Times Square de Nueva York en la década de los setenta. La primera temporada se adentra al mundo de la prostitución y presenta una serie de personajes: prostitutas, proxenetas, dueños de bares y centros nocturnos, capos de la mafia italiana; poco a poco se van entrelazando para crear una historia que conduce a los oscuros inicios del cine porno.

Entre esos personajes se destacan los verdaderos protagonistas de la historia que representan un rostro diferente de la historia siendo indispensables para adentrarnos desde todos los costados en la época que retrata. Eileen o “Candy” (Maggie Gyllenhaal) es una prostituta que trabaja a su gusto y por su cuenta, quien al final de la primera temporada acabará por darse cuenta que el cine de adultos es el espacio que estaba necesitando para expresarse artísticamente; Vincent Martino (James Franco) es el gerente de uno de los bares de la zona; Frankie Martino (James Franco. Sí, hace de gemelos) es el ludopata e inútil hermano de Vincent. Por allí tenemos otros personajes secundarios pero claves en la historia como Larry (Gbenga Akinnagbe) y C.C. (Gary Carr) los tóxicos proxenetas “dueños” de las chicas como Lory (Emily Meade), Darlene (Dominique Fishback) y Ashley (Jamie Neumann), cada una refleja conflictos diferentes, historias diferentes que paulatinamente se van desarrollando en los ocho episodios. Fuera de las calles están Abby (Margarita Levieva), una chica de familia pudiente pero de ideologías progresistas; Paul (Chris Coy), el barman homosexual y mejor amigo de Vincent; Chris Alston (Lawrence Gilliard Jr.) y Danny Flanagan (Don Harvey), el policía bueno y el policía malo; el que busca sanear las calles, el que busca lucrarse con las mismas.

Estos personajes, que sí, que son muchos, son los hilos conductores que nos introducen al mundo de la prostitución que fue evolucionando en locales de exhibiciones eróticas, burdeles, centros de vídeos para adultos hasta el cine porno que es, digamos, el epicentro de todos los hechos.

Segunda temporada, la era dorada del cine para adultos

Tras una primera temporada que, como hemos dicho, refleja los inicios del cine para adultos que fue literalmente en las calles de Nueva York, dominadas por capos y proxenetas; la segunda temporada tiene un salto en el tiempo de cinco años. Ahora, es el Nueva York de 1977. Las calles cada vez albergan menos mujeres. Los burdeles y los centros de striptease son la tendencia y por supuesto el cine. Nos centramos en una época post-Garganta Profunda y post-Behind the Green Door. El porno vive su era dorada, sus actores son tratados como estrellas; hay convenciones, premios, estrenos como el cine más convencional.

Los personajes claramente han evolucionado (o involucionado en el caso de otros); y aunque siguen manteniendo su esencia se percibe una transformación que encaja con la época. Candy se ha asociado con Harvey (su primer director) y ahora goza de un nombre dentro de la industria; posee, por supuesto, completo dominio en sus producciones. Lori, está tratando de valerse de su fama como actriz para labrarse de su faceta como prostituta; Frankie se rehúsa a abandonar su alocada vida pero ha sabido adaptarse mejor que su hermano Vincent que atraviesa una crisis existencial debatiéndose entre lo que tiene y lo que de verdad quiere. Quienes sí saben lo que quieren son Darlene decidida a labrarse un futuro diferente a la vida que hasta ahora ha tenido; y Ashley y Abby, abocadas en una misión altruista de ayudar a las chicas que trabajan para tipos como Larry quien al igual que Vincent no sabe a que son bailar, y C.C. que representa la mentalidad más retrógrada.

Como es habitual en The Deuce, la serie se regodea en mostrarnos el lado feo de una industria que de por sí nunca ha sido vista con buenos ojos y que incluso en sus años de ensueño estuvo vinculada a la mafia y a los fondos ilegales. Parte de esto también se ve reflejado en una segunda temporada que incluso se permite ser más política y sale bien librada.

Empoderamiento femenino, opresión de las minorías y otras reivindicaciones

¿Ha tenido algo que ver el movimiento MeToo? Tal vez. Lo cierto es que en esta temporada The Deuce aprovecha las carencias de la época para mostrar los temas a través de un filtro más equitativo. Después de todo la serie de David Simon está inspirada en una industria que durante años ha sexualizado (y maltratado) la imagen de la mujer; de hecho, en la primera temporada los personajes femeninos no eran muy bien tratados.

La segunda temporada ha reivindicado completamente a sus mujeres. Eileen se ha labrado un nombre en la industria; Darlene y Ashley (a partir de ahora Dorothy) demuestran que si se puede salir de las calles. Abby representa la ideología del feminismo que además resurgía en plena década. Pero también, sin minimizar a los personajes femeninos, demuestra las vicisitudes a las que estas se deben enfrentar día tras día como el acoso de Eileen por parte de los hombres de poder dentro de la industria; la explotación y abuso (físico y emocional) hacia Lori por parte de Lori y la deshumanización que sufrieron (y sufren) las prostitutas. Pero sobre todo, refleja el poder colectivo que puede surgir desde cualquier situación.

The Deuce se mete en el lodo con otros temas como la liberación de la comunidad LGBTQ hace casi medio siglo, el racismo y hasta la diferencia salarial. También redime a personajes que si bien no son buenas personas consiguen convertirse en la mejor versión de sí mismos tras encontrar un propósito (como es el caso de Larry).

Los setenta renacen en The Deuce

Lo que hace que The Deuce funcione de manera exquisita es que todos sus elementos funcionan individualmente y en conjunto. Posee un guión escrito de manera virtuosa donde desarrolla un puñado de personajes en casi veinte horas; les permite matizar características y dotarlos de personalidades complejas y diferentes. Después de todo, los personajes alimentan la historia.

La serie cuenta con un elenco de grandes ligas, encabezado por la maravillosa Maggie Gyllenhaal y James Franco; ella nunca decepciona y el cuando quiere está bien. Margarita Levieva, Emily Meade y Chris Coy son otros que destacan de manos de personajes genuinos. Mientras, Akkinagbe y Carr se califican como los villanos de esta historia. Por allí está también Zoe Kazan en un papel pequeñito pero estupendo.

Por último pero no menos importante está la brutal ambientación. La década de los setenta renace gracias al diseño de producción; tanto en exteriores, reflejando las decadentes calles del Times Square; y en interiores recrea los infames estudios de rodaje. Por supuesto, el hecho de que The Deuce sea una producción de HBO ayuda a confeccionar el realismo ya que se anda sin tapujos cuando las escenas ameritan ser explícitas.

The Deuce es uno de los mejores trabajos para televisión del año. Una serie que a pesar de haber alzado el listón muy alto con su temporada debut, se ha superado. Vale la pena echarle un vistazo y esperar gustosamente hasta la tercera temporada, que consistirá en el cierre de esta historia sobre la industria del cine para adultos.

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