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Crística: No Time To Die: El Bond de Daniel Craig se despide por la puerta grande

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Por un Daniel Craig soberbio, hay un Rami Malek en piloto automático; por un James Bond más humano y orgánico, hay un villano que raya en la parodia; por una Ana de Armas arrebatadora, hay una escasez de su personaje en pantalla que limita su brillantez. Sin Tiempo Para Morir (o No Time To Die, 2021. dir. Cary Joy Fukunaga), no es una película excepcional, pero sí es un vehículo para Daniel Craig, lo más destacado de la cinta, que tras quince años en la franquicia y un total de cinco películas se despide del mítico personaje.

Tras más de un año de espera (a causa del Covid19) la película por fin se ha estrenado en casi todo el mundo, pero ¿la alargada despedida del James Bond más reciente a valido la pena? ¿es mejor que la fallida Spectre? ¿Está a la altura de Skyfall?

¿De que trata No Time To Die?

En los años posteriores a Spectre, James Bond se ha jubilado y ahora vive tranquilamente en el Caribe mientras se cura las viejas heridas de las traiciones pasadas y la soledad actual. Pero, por supuesto, el mundo solo puede pasar solo un tiempo sin su mayor agente secreto y Sin Tiempo Para Morir no puede ser una película de un señor retirado.

Ha surgido una nueva amenaza en el personaje de Safin (Rami Malek), un terrorista que acaba de poner sus manos en un arma mortal y extremadamente específica que podría cambiar el escenario geopolítico en un chasquido. Decidido a llegar al fondo de la conspiración, Bond se lanza de nuevo a la acción, volviendo a formar equipo con sus colegas de toda la vida: M (Ralph Fiennes), Q (Ben Whishaw) y Madeleine Swann (Lea Seydoux) para salvar al mundo. Otra vez.

Buenas intenciones, ejecución fallida

Aunque la película tiene buenas intenciones, los resultados son irregulares. Da la sensación de que su principal preocupación fue hacer una despedida para el personaje de Craig. Por ejemplo, la secuencia de apertura incluye guiños a referencias que se remontan a Casino Royale, y en el transcurso de la película, viejos amigos y enemigos regresan para jugar la carta de la nostalgia pero no siempre se sienten del todo orgánicas.

Como consecuencia, la película se alarga a un metraje de casi tres horas, bastante innecesario. Y en su esfuerzo por atar cabos sueltos, puede parecer un poco más complicado de seguir la trama. Falta naturalidad para desarrollar la historia y se siente todo más estructurado.

Una carta de amor al Bond de Daniel Craig

Claro, no todo está mal en la película. De hecho, hay algo o alguien que está muy bien y tiene la capacidad de levantar (casi) todo a su alrededor cuando está en pantalla: Daniel Craig.

Al ser esta su última película como el agente británico, todo indica que el desarrollo del personaje para esta entrega ha sido distinto a las anteriores de manera intencional. En esta ocasión, James Bond es más James, el hombre que ahora en el ocaso de su carrera tiene que lidiar con todas las consecuencias que le ha traído, que Bond, el agente rudo e inquebrantable.

Daniel Craig siempre ha interpretado a Bond con una brutalidad directa que contradice sus trajes y esa flema inglesa que siempre ha caracterizado al personaje; aquí Bond está en su punto más vacío, aislado y resignado a la soledad que lo rodea; solo vuelve a la labor, por una última vez, para despedirse de una vez por todas de sus días como agente. Esa vulnerabilidad, nunca antes vista en el personaje, es palpable gracias a la brillante interpretación de Daniel Craig. Esta vez no solo hay un compromiso físico por parte del actor, también hay una entrega emocional que se agradece. Cuando Craig está en pantalla, da igual bajo que circunstancia (peleando, hablando, huyendo en un coche, como sea) todo a su alrededor cobra vida.

Con el transcurrir de los años, gracias a esa renovación de la personalidad de Bond, más brutal y por momentos hasta fanfarrona, Daniel Craig se ganó, por parte de muchos, el título del mejor Bond. No cabe duda que con esta película se catapulta porque es el elemento ganador de una cinta que sin él hubiese tenido resultados catastróficos.

Un villano… muy malo

Pero Daniel Craig no puede revivir todo a su alrededor o llevar el peso de la película, hay cosas que ni siquiera él puede ayudar a mejorar como es el personaje de Lyutsifer Safin, el villano de esta entrega. Un personaje predecible, o como yo suelo decirles: un villano de manual, cuyas ‘malas intenciones’ se hacen bastante obvias cada vez que aparece en pantalla. No ayuda la vacía interpretación de Rami Malek la cual raya en la parodia por ciertos momentos.

Al contrario, hay otros personajes que merecían más tiempo en pantalla como Paloma, la agente cubana interpretada por Ana de Armas, que se convierte en un huracán que arrasa con todo cuando aparece en pantalla y deja la sensación de querer más de ella. De hecho, bastan esos escasos minutos frente a la cámara para reiterar su estatus de estrella en ascenso.

Hasta pronto, James

Si bien Cary Joy Fukunaga hace un buen trabajo en las secuencias de acción y en el uso de la nostalgia como potencial atractivo; así como un diseño pletórico, el guion como intento de entrelazar todas las historias del Bond de Craig falla estrepitosamente. Es un acierto que hayan decidido darle un vuelvo más realista al personaje del espía para permitir que Daniel Craig pudiese lucirse interpretativamente en esta entrega y dejar la franquicia con el listón en alto.

Pese a ser superior que Spectre, pero no tan buena como Skyfall; da la sensación de que Sin Tiempo para Morir pudo ser mejor, pero vale como una despedida a este James Bond y nos deja deseando ver quién será el encargado de seguir a partir de ahora con la franquicia.

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