Si reúnes a Hugh Grant y Ben Wishaw solo podrías obtener dos resultados: Paddington 2 o A Very English Scandal, pero en cualquiera de los casos, tendríamos ante nosotros una historia muy inglesa y muy entrañable. La diferencia es que la primera no es más que un dulce cuento de fantasía sobre un adorable oso que se instala a vivir en casa de una familia inglesa y la segunda está basada en la historia verdadera de una tórrida relación entre dos hombres que amenazó con tirar la política de Inglaterra cuesta bajo.

Amazon Prime estrenó la que se trata una de las mejores mini series estrenadas el año pasado y que sin duda ya todos deberíamos haberla visto. Por ello, de cara a las nominaciones de los Premios Emmy, aprovecho para hablar de ella.

¿De qué trata A Very English Scandal?

A Very English Scandal narra la historia real de la relación gay entre el parlamentario británico Jeremy Thorpe y Norman Scott a principios de la década de 1960, una época en que la homosexualidad masculina aún era ilegal en Inglaterra, y su posterior posterior juicio en 1979 tras el intento de homicidio del segundo en mención.

Esta antología se basa en una historia verídica, contada primero por la prensa anglosajona y luego contada por John Preston en su libro de 2014 del mismo nombre.

Hugh Grant (como el altanero políticos Thorpe) y Ben Whishaw (como el neurótico Scott) están pletóricos, y ya han ganado nominaciones y premios por sus actuaciones. Grant, en el papel de su carrera, se tambalea brillantemente entre el simpático y hábil diputado del país que se alzó para ser el líder del Partido Liberal, y el intrigante depredador que podría seducir a un joven «conejito» -Scott- para luego atentar contra este cuando amenaza con hacer público su longevo y tórrido romance.

La afabilidad está en las risas

Tormund en Game of Thrones; Benji en Misión Imposible; Thor, Hulk y Scott Lang en Endgame. Cada vez es más común encontrar un personaje que surte las veces de alivio cómico cuando la historia se torna más tensa. Y es que aunque la comedia puede proporcionar la cucharada de azúcar que alivia la amargura de la vida, también puede usarse para enfatizar su injusticia fría e implacable. Y eso es lo que acontece en A Very English Scandal.

La serie dirigida por Stephen Frears (Billy Elliot, The Hours) tiene la tarea de contar una historia de amor clandestina porque sus protagonistas (si bien uno neurótico y el otro un sociopata) eran dos hombres. Y si deben vivir en secreto -del que acaban siendo presas- es porque su relación significa el fin para ambos. Y a pesar de ello se acomoda en un tono jocoso y hasta divertido para no resultar demasiado perturbadora, porque no le hace falta.

Si suena indignante, es porque lo fue. La relación y posteriormente la conspiración para asesinar a Norman Scott, ex-amante de Jeremy Thorpe, en aquel entonces líder del Partido Liberal fue una locura mediática. Este recuento escrito por Russell T. Davies, revela los detalles absurdos: la reiterada insistencia de Thorpe en el asesinato, la ineptitud de los co-conspiradores, el fallido intento de homicidio que resultó en un gran danés muerto y un Norman Scott aún vivo. Fue, por donde lo veas, una serie de eventos absurdos. Así que aprovechar ese humor negro, aunque por momentos hasta cándido, para narrar una serie de hechos truculentos, me parece un acierto inmenso. Porque lo mejor de todo es que consigue llevarlo a cabo y bien.

La dirección, la música y la edición hacen que las cosas se muevan de manera experta, pero, de nuevo, el ritmo narrativo es la guinda del pastel.

El elenco está muy bien por cierto. Hugh Grant tiene los momentos tensos e hilarantes para hacer de Thorpe una perspectiva convincente en cada situación: en el parlamento; en los clubes de miembros; en la mesa de la cena; y en el dormitorio, con la toalla y la tina de vaselina en la mano. Su trabajo es un mimetismo notable, así como todo lo demás. Ben Whishaw, como el patético pero endeble, gracioso y entrañable, Scott sería una revelación si no fuese siempre un acierto. Alex Jennings como Peter Bessell, David Bamber como Lord Arran, Jason Watkins como Emlyn Hooson ¡es que todos están bien!

Very english, indeed

La serie muy a pesar de su tono entrañable, sí que lleva a juicio a esa Inglaterra retrógrada de hace medio siglo a la par que vemos a Thorpe frente al estrado. La devastación causada en la vida gay por la criminalización. La insistencia de la ley en la furtividad y el secreto que hizo tan mentiroso de Jeremy Thorpe, nos muestra problemas nativos del país y de la época que de alguna u otra manera marcaron su historia.

Y es que además, vemos como Thorpe y sus amigos fueron absueltos de todos los cargos, gracias a un abogado despiadado, y un juez tan partidario que podría haber sido escrito paródico de Saturday Night Live en lugar de estar inspirado en una persona real.

Sales del último episodio riendo, sí, pero sintiendo la carga humana. A lo largo de este relato vibrante, hay parches de seriedad que te hacen tropezar. El conmovedor discurso de Lord Arran sobre el suicidio de su hermano gay. La explicación vacilante, de advertencia y flashback de Jeremy Thorpe de lo que, aparte de lo obvio, vio en Scott. Peter Bessell describiendo a Scott con admiración, quien fue ridiculizado públicamente y atacado por su sexualidad, aun por muchos fue calificado como «el hombre más valiente de Gran Bretaña«.

Esta es la Inglaterra que sonrió mientras enaltecimiento el ego de Jimmy Savile, que aplaudía mientras los hombres homosexuales elegían el suicidio en lugar de ser expulsados, que permitían que el poder comprase los intereses y que se burlaban de la enfermedad mental como una debilidad.

El juicio de Thorpe fue una sensación en ese momento, marcó su caída como político y continuó generando debate hasta su muerte en 2014 después de una larga batalla con la enfermedad de Parkinson. Un escándalo muy inglés, desde luego.

Este magistral drama ciertamente resucita a los elementos más sórdidos y con más titulares del caso y los vuelve a contar con un estilo sorprendente y un hermoso momento de comicidad, pero el efecto ahora no es volver a sentenciar a los involucrados, sino poner a prueba esa versión de Inglaterra.

Es emocionante y dinámica, esta tragicomedia de errores, sin sacrificar la capacidad de decir algo serio en medio de toda la locura. Una adaptación sensacional, en todos los sentidos de la palabra.

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